En este día que nace y que inicia una nueva semana, te pedimos que nos sigas bendiciendo en cada una de nuestras actividades y hagas fructíferas las obras de nuestras manos. Que nuestras jornadas sean exitosas, nuestras palabras sean edificadoras y nuestras actitudes fraternales. No permitas que te fallemos a ti y a nuestros hermanos, cuando se presenten obstáculos muchas veces frustrantes y que nos hacen perder los ánimos. Ayúdanos a superarlos ya que confiamos en ti. Que nuestros corazones se hagan tan grandes como el tuyo, para que nosotros también aprendamos a perdonarnos unos a otros, y a no juzgar ni condenar. Que acojamos a los hermanos tal como son y seguir ofreciendo nuestra amistad. No permitas que juzguemos, danos la gracia del perdón y la reconciliación. Enséñanos a ser indulgentes como tú lo eres para que podamos alejar de nosotros todo juicio duro y toda actitud negativa. Permítenos seguir este camino de conversión, venciendo nuestro orgullo a base de humildad, alejando de nosotros la mentira, el orgullo y la intransigencia. Con alegría y optimismo iniciaremos nuestra jornada y nuestra semana, colocados en tus manos y bajo la protección de la Virgencita. Amén.
Una muy feliz, esperanzadora y fructífera semana llena de bendiciones.
Reflexión papa Francisco
Debemos abstenernos de juzgar, especialmente en este tiempo de Cuaresma. Además, es un hábito que se mezcla en nuestra vida incluso sin que nos demos cuenta. Siempre. Incluso al comenzar una conversación: "¿Has visto lo que ha hecho?" Juzgar a los demás. Pensemos cuántas veces al día juzgamos. Todos nosotros. Pero siempre a través de comenzar una conversación, un comentario sobre otra persona: "¡Pero mira, esa persona se hizo la cirugía plástica! Está más fea que antes"... Aprende la sabiduría de la generosidad, la principal forma de superar los chismes. Cuando chismorreamos sobre los demás estamos juzgando continuamente, condenando continuamente y apenas perdonando.
Recomendado
Cuando perdonamos, dejamos atrás el equipaje que impedía ver la luz del Señor en todo su esplendor. Aunque cueste, estamos invitados al perdón.

