En este día, Señor, iniciamos el camino del Triduo Pascual, que significa tanto para nosotros por tu entrega misericordiosa y amorosa, que nos lleva a la Cruz y a la gloria de la resurrección. En medio de la ausencia, te podemos preguntar: ¿dónde te podemos encontrar hoy? Hace falta estar muy ciego para no percibir la hermosura de tu rostro y la huella de tu pie resucitado. En este día aprendemos a “caer en la cuenta" de muchas presencias tuyas casi desapercibidas.
Esta tarde celebraremos juntos la memoria de la Cena de despedida. En esta cena tan cargada de emoción y significado, Tú hiciste cosas insólitas y complicadas. Como el más humilde de los siervos, el gran Maestro y Señor, lavaste los pies de tus discípulos y les dijiste que se hicieran como Tú, servidores los unos de los otros. Después, cuando estaban comiendo, les pasaste el pan y el vino diciendo: “Esto es mi cuerpo partido para ustedes. Ésta es la copa de mi sangre derramada por ustedes. Ámense unos a otros como yo los he amado”. Estos acontecimientos ocurrieron hace mucho tiempo; sin embargo, se repiten hoy para nosotros aquí y ahora: Hagan esto en conmemoración mía. Les he dado ejemplo. Tienen que hacer ustedes como yo he hecho. Como yo he servido, así tienen ustedes que servir; como yo los he amado, así deben amarse unos a otros. Gracias, Señor, por quedarte como alimento verdadero y por habernos reglado tu amor y misericordia. Ayúdanos a emprender nuestro camino de servicio y lavar los pies a nuestros hermanos necesitados. Permanece con nosotros como el “hombre-para-los-demás” y como el “Señor que sirve”. Queremos aprender de Ti a entregarnos a nuestros hermanos, a amarlos y servirlos.
En este verdadero y sentido jueves sacerdotal, perdóname, Señor, mis debilidades humanas. Hoy te pido, Señor, que me regales la santidad y la fortaleza para seguir adelante en esta misión tan hermosa que me has regalado. Gracias por mi sacerdocio. Dame salud y fuerzas para seguir llevando consuelo y llevando tu presencia. Amén.
Un muy amoroso y servicial día sacerdotal.
Reflexión papa Francisco
Él, que era "el jefe", que era Dios, lava los pies a sus discípulos. Lavar los pies era una costumbre de entonces, antes de los almuerzos y de las cenas, porque no había asfalto y la gente andaba entre el polvo. Por lo tanto, uno de los gestos para recibir a una persona en casa, y también a la hora de comer, era lavarle los pies. Era tarea de los esclavos, de los que estaban esclavizados, pero Jesús invierte esa regla y lo hace Él. Simón no quería, pero Jesús le explicó que tenía que ser así, que Él había venido al mundo para servir, para servirnos, para hacerse esclavo por nosotros, para dar su vida por nosotros, para amar hasta el extremo.
Recomendado
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