
Santo Espíritu de Dios, tú guías a los creyentes en el camino
de la historia.
Te damos gracias porque has inspirado los Símbolos de la fe
y porque suscitas en el corazón la alegría de profesar nuestra
salvación en Jesucristo, Hijo de Dios, consubstancial al
Padre. Sin Él nada podemos.
Tú, Espíritu eterno de Dios, de época en época rejuveneces la
fe de la Iglesia. Ayúdanos a profundizarla y a volver siempre
a lo esencial para anunciarla.
Para que nuestro testimonio en el mundo no sea inerte, ven,
Espíritu Santo, con tu fuego de gracia, a reavivar nuestra fe, a
encendernos de esperanza, a inflamarnos de caridad.
Ven, divino Consolador, Tú que eres la armonía, a unir los
corazones y las mentes de los creyentes. Ven y danos a gustar
la belleza de la comunión.
Ven, Amor del Padre y del Hijo, a reunirnos en el único
rebaño de Cristo.
Indícanos los caminos que hay que recorrer, para que con tu
sabiduría volvamos a ser lo que somos en Cristo: una sola
cosa, para que el mundo crea. Amén