Más que números: El Banco de Alimentos de Bogotá, 25 años tejiendo una red de esperanza

En una época donde las cifras suelen dominar los titulares, es fácil perderse en la magnitud de los millones. Pero cuando el Arzobispado de Bogotá se llenó de líderes empresariales, sacerdotes y comunidad, hace unos días, no era solo para celebrar estadísticas. Era para conmemorar un cuarto de siglo de un milagro cotidiano: el del Banco de Alimentos de Bogotá, una obra que ha logrado convertir la solidaridad en un plato de comida para cientos de miles de personas.
La asamblea por el 25 aniversario, presidida por el Cardenal Luis José Rueda Aparicio, fue un momento para mirar atrás con gratitud y hacia adelante con un reto aún mayor. No en vano, la jornada inició con una oración por los 17 socios fundadores que ya partieron, un gesto que revela la esencia de esta obra: es un legado de fe y compromiso que trasciende a las personas.
El Rostro Humano de la Gestión 2025
Los informes presentados son, sin duda, impresionantes. Hablan de 22.710.863 kilos de alimentos distribuidos en 2025, un crecimiento del 11,6% que se traduce en más familias con la nevera llena. Sin embargo, detrás de ese número global, hay historias más específicas que muestran el verdadero impacto:
- El rescate en Corabastos: Los más de 4.3 millones de kilos de frutas y verduras rescatados a través del Programa de Recuperación de Excedentes Agrícolas (PREA) no son solo "alimentos recuperados". Son tomates que no se pudrieron, papas que no se desperdiciaron y naranjas que llegaron a la mesa de un niño en un comedor comunitario. Es un triunfo contra la cultura del descarte.
- La mano que clasifica y entrega: La memoria institucional destaca el apoyo de 6.800 voluntarios entre empresas y personas naturales. Son ellos, con su tiempo y dedicación, quienes dan el calor humano a la cadena logística, clasificando productos y asegurando que la ayuda llegue con dignidad.
- Solidaridad que cruza fronteras: Los 13.000 millones de pesos destinados a ayudas humanitarias por la ola invernal nos recuerdan que la misión del Banco no entiende de límites diocesanos. Cuando otras regiones del país sufren, esta "obra del amor de Dios" extiende sus brazos más allá de Bogotá.

Imagen tomada de El Catolicismo, por Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones, 2026, https://www.elcatolicismo.com.co/iglesia-hoy/bogota/banco-de-alimentos-de-bogota-una-obra-del-amor-de-dios
La Fuerza de una Red que Cree en el Mañana
La reunión no fue solo un acto protocolario. La presencia de los obispos auxiliares de Bogotá, y los de Soacha y Fontibón, subrayó que la lucha contra el hambre es una prioridad eclesial que integra a todo el territorio. Junto a ellos, los empresarios y socios fundadores representan esa alianza invaluable entre la iniciativa privada y la acción social de la Iglesia.
El padre Daniel Saldarriaga, director ejecutivo, lo expresó con claridad: el informe de gestión no es un trofeo, sino un reflejo de la confianza y generosidad de miles. Y esa confianza es el motor para lo que viene. La meta para este 2026 es ambiciosa y necesaria: alcanzar las 25.000 toneladas de alimentos y llegar a 650.000 personas.
Este aniversario, por tanto, no es un punto de llegada, sino una plataforma de lanzamiento. Es la celebración de una red de esperanza que, durante 25 años, ha demostrado que cuando la fe se traduce en acciones concretas y alianzas genuinas, es posible no solo aliviar el hambre, sino construir un país más fraterno. El Banco de Alimentos de Bogotá sigue tejiendo esa red, un kilo, una donación y un voluntario a la vez.
Desde la comunidad de la Parroquia Santos Timoteo y Tito, nos unimos con profundo gozo a esta celebración de 25 años, reconociendo en la trayectoria del Banco de Alimentos de Bogotá un auténtico testimonio del Evangelio vivo. Al ver los frutos de esta obra, vemos reflejadas las palabras de Jesús: "Tuve hambre y me disteis de comer" (Mt 25,35). Felicitamos de corazón a su director, el padre Daniel Saldarriaga, a su junta directiva, a los voluntarios y a todos los que han hecho posible esta cadena de solidaridad. Que el Señor, que multiplicó los panes, siga bendiciendo su camino, iluminando sus proyectos y abriendo puertas para que, con la guía del Espíritu Santo y el amparo de Nuestra Señora, continúen siendo instrumentos de esperanza, construyendo un mañana donde el pan compartido sea signo del Reino de Dios entre nosotros.
