IV domingo de Cuaresma
Dijo Jesús: «Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mateo 11, 27).
Jesús llama a Dios «Abba», palabra del idioma arameo, uno de los primeros sonidos que aflora la boca humana: ‘papá’. Jesús nos enseña a decir «Abba»: cuando oren digan «Padre nuestro que estás en el cielo» (Mateo 6, 9).
La experiencia de ser discípulo de Cristo me conduce a vivir con él y por esta experiencia de comunión a relacionarme con el Padre del cielo. He sido llamado a la existencia por el Padre del cielo para ser hijo suyo, como Jesucristo; así lo expresa la carta a los Efesios: Dios «nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia» (1, 4-6a).
