Si Navidad ha de ser acogida del Hijo de Dios en cada corazón, en cada familia, entonces debe darse un cambio interior y exterior, de mentalidad y de conducta, de actitudes y de comportamientos, para reorientar la vida en una dirección radicalmente nueva hacia el bien, hacia Dios y hacia los hermanos.
No desatendamos este llamado, no reduzcamos la Navidad a eventos de carácter social. Cristo viene para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
María Inmaculada, la llena de gracia, la bendita entre todas las mujeres, anime nuestro Adviento. Ella es la mujer fuerte que ha comprometido su vida con el proyecto que Dios se trazó de rescatar al hombre de todo poder del mal, del pecado, de la muerte.
Ese compromiso de María la hizo Madre del Salvador. Ya sabemos bien cómo vivió su compromiso con fidelidad absoluta acompañando a Jesús en todos sus caminos. Sigamos su ejemplo siendo, hoy, discípulos misioneros.
Mons. Álvaro Vidales.

