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''Practiquemos la humildad, con nuestra familia y nuestro alrededor...''

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1 de septimebre... Jesucristo es nuestro modelo de humildad. Proclama bienaventurados a los humildes  (Mateo 5,4). 

 

Las comidas de Jesús son especialmente significativas. Comparte con toda clase de personas y ofrece múltiples enseñanzas: come en la casa de Mateo con publicanos y pecadores, lo critican los fariseos y responde: “No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mateo 9, 10-13). Acepta comer con un fariseo, llega una mujer pecadora, besa sus pies y los unge con perfume; murmura el fariseo; responde Jesús: “porque ha mostrado mucho amor, quedan perdonados los muchos pecados de esta mujer… Tu fe te ha salvado. Vete en paz” (Lucas 7, 36-50). En una comida, llegada la Pascua, deja Jesús a su Iglesia el mandamiento del Amor, los sacramentos de la Eucaristía y del Sacerdocio (Juan 13).

En el pasaje de hoy, Jesús es invitado a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos en día de fiesta, un sábado. Notando que los convidados escogen los primeros puestos, nos enseña el Señor: en el banquete del Reino de Dios, los primeros son los humildes que aman desinteresadamente al prójimo, en especial al más desamparado.

La humildad bíblica es primeramente la modestia que se opone a la vanidad y a la soberbia. El humilde reconoce que ha recibido de Dios todo lo que tiene, se abre a la gracia y Dios lo glorifica.

Jesucristo es nuestro modelo de humildad. Proclama bienaventurados a los humildes  (Mateo 5,4). Bendice a los niños y los presenta como modelos (Marcos 10, 15s). Él mismo se humilla hasta lavar los pies a sus discípulos y, siendo Dios, se despoja de sí mismo tomando condición de siervo, obedece hasta la muerte y muerte de cruz (Filipenses 2, 6-8).

Pregúntate: ¿practico la virtud de la humildad? ¿En mi familia, estoy más atento a servir que a ser servido? ¿En el trabajo asumo una actitud de compañerismo y colaboración, o, por el contrario, de suficiencia y de egoísmo? ¿Sería capaz de celebrar un acontecimiento de familia o de amistad, no con los más cercanos, sino, por ejemplo, en un ancianato o en una casa de acogida a personas carentes de todo?

Mons. Álvaro Vidales.