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Meditación22 de septiembre-Domingo 25° del Tiempo Ordinario

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"… No pueden servir a Dios y al dinero”.Esta frase de Jesús es conocida. Nadie duda de su autenticidad. Al contrario, es la sentencia que mejor refleja la actitud de Jesús ante el dinero. Por otra parte, la claridad y contundencia con que Jesús se expresa excluye todo intento de suavizar su sentido: ”… No pueden servir a Dios y al dinero”.

Hoy se habla mucho de la crisis religiosa provocada por el racionalismo contemporáneo, pero se olvida ese “alejamiento” de Dios que tiene su origen no en el agnosticismo o paganismo, sino en el poder seductor del dinero. Sin embargo, según Jesús, quien se ata al dinero termina alejándose de Dios.

Estas palabras de Jesús buscan impactarnos oponiendo frontalmente el señorío de Dios y el del dinero. No se puede ser fiel a Dios y vivir esclavo del dinero. La riqueza tiene un poder subyugador irresistible. Cuando el individuo entra en la dinámica del ganar siempre más y mas… y del vivir siempre mejor, el dinero termina sustituyendo a Dios y exigiendo obediencia absoluta. En esa vida ya no reina el Dios que pide amor y solidaridad, sino el dinero que sólo mira el propio interés.

Los exégetas han analizado con rigor este texto. El “dinero” viene designado con el término de “mammona”, que sólo aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento y siempre en boca de Jesús. Se trata de un término que proviene de la raíz aramea “aman” (confiar, apoyarse) y significa cualquier riqueza en la que el individuo apoya su existencia. El pensamiento de Jesús aparece así con más claridad: cuando una persona hace del dinero la orientación fundamental de su vida, su único punto de apoyo y su única meta, la obediencia al Dios verdadero se diluye.

La razón es sencilla. El corazón de la persona atrapada por el dinero se endurece. Tiende a buscar sólo su propio interés, no piensa en el sufrimiento y la necesidad de los demás. En su vida no hay lugar para el amor desinteresado y la solidaridad. Por eso mismo, no hay lugar para un Dios Padre de todos.

 

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán