Hoy en el comienzo del Año Cristiano 2020. Hoy es el primer Domingo de Adviento…
Un día toda la apasionante historia de la humanidad terminará, como termina inevitablemente la vida de cada uno de nosotros. Los Evangelios ponen en boca de Jesús un discurso sobre este final, y siempre destacan una exhortación: “vigilen”, “estén en vela”, “vivan despiertos”. Las primeras generaciones cristianas dieron mucha importancia a esta vigilancia. Pero el fin de la historia, el fin del mundo no llegaba tan pronto como algunos pensaban. Sentían el riesgo de irse olvidando poco a poco de Jesús y no querían que los encontrara un día “dormidos”.
Han pasado muchos siglos desde entonces. Estamos ya en el siglo XXI. ¿Cómo vivimos los cristianos católicos de hoy?, ¿seguimos despiertos o nos hemos ido durmiendo poco a poco? ¿Vivimos atraídos por Jesús o distraídos por toda clase de cuestiones secundarias? ¿Le seguimos a él o hemos aprendido a vivir al estilo de todos los demás?
Vigilar es antes que nada despertar de la inconsciencia. Vivimos el sueño de ser cristianos cuando, en realidad, no pocas veces nuestros intereses, actitudes y estilo de vivir no son los de Jesús. Este sueño nos protege de buscar nuestra conversión personal y la de la Iglesia. Sin “despertar”, seguiremos engañándonos a nosotros mismos.
Vigilar es vivir atentos a la realidad. Escuchar los quejidos de los que sufren. Sentir el amor de Dios a la vida. Vivir más atentos a su venida, a nuestra vida, a nuestra sociedad y a la tierra. Sin esta sensibilidad, no es posible caminar tras los pasos de Jesús. Puede ocurrir entonces lo que Jesús quería evitar entre sus seguidores: verlos como “ciegos conduciendo a otros ciegos”.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco de San Luis Beltrán

