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Meditación 28 de julio-Domingo 17° del Tiempo Ordinario

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Lucas y Mateo han recogido en sus respectivos Evangelios unas palabras de Jesús que, sin duda, quedaron muy grabadas en sus discípulos más cercanos. Es fácil que las haya pronunciado mientras iba de camino con sus discípulos por las aldeas de Galilea, pidiendo algo de comer, buscando acogida o llamando a la puerta de los vecinos y aldeanos.

Probablemente, no siempre reciben la respuesta deseada, pero Jesús no se desalienta. Su confianza en el Padre es absoluta. Sus discípulos debemos aprender a confiar como él: ”Pues yo les digo a ustedes: pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá”. Jesús sabe lo que está diciendo pues su experiencia es esta: ”el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre”.

Si algo hemos de reaprender de Jesús en estos tiempos de crisis en su Iglesia es la confianza. No como una actitud ingenua de quienes se tranquilizan esperando tiempos mejores. Menos aún como una postura pasiva e irresponsable, sino como el comportamiento más evangélico y profético de seguir hoy a Jesús, el Hijo de Dios y Salvador. De hecho, aunque sus tres invitaciones apuntan hacia la misma actitud básica de confianza en Dios, su lenguaje sugiere diversos matices.

«Pedir» es la actitud propia del pobre que necesita recibir de otro lo que no puede conseguir con su propio esfuerzo. Así imaginaba Jesús a sus discípulos: como varones y mujeres pobres, conscientes de su fragilidad e indigencia, sin rastro alguno de orgullo o autosuficiencia. Es lamentable pretender seguir hoy a Jesús pidiendo al mundo una protección que solo nos puede venir del Padre Dios.

«Buscar» no es solo pedir. Es, además, moverse, dar pasos para alcanzar algo que se nos oculta porque está encubierto o escondido. Así ve Jesús a sus seguidores: como “buscadores del reino de Dios y su justicia”. Es normal vivir hoy en una Iglesia desconcertada ante un futuro incierto. Lo extraño es no movilizarnos para buscar juntos caminos nuevos para sembrar el Evangelio en la cultura moderna.

«Llamar» es gritar a alguien al que no sentimos cerca, pero creemos que nos puede escuchar y atender. Así gritaba Jesús a Su Padre en la soledad de la cruz. También es aterrador que no nos esforcemos más por aprender a seguir hoy a Jesús gritando a Dios desde las contradicciones, conflictos e interrogantes del mundo actual.

 

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán