Si bien, el propio Jesús elogia la actitud de María, que, “sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra”, no se trata aquí de descalificar a Marta, “atareada en muchos quehaceres”.
Lo que nos corresponde, hoy, a nosotros, es llevar la oración a la vida y la vida a la oración. O, si queremos, orar con los ojos cerrados y las manos juntas – contemplación -, y con los ojos abiertos y las manos ocupadas – acción -.
Aprendamos de María, a dedicar tiempo, silencio y atención para acoger, escuchar y asimilar la Palabra. Aprendamos de Marta, la diligencia solícita y la servicialidad acogedora, así del Señor, como de nuestros hermanos.
Cristo nos enseña, con su ejemplo, a ser Marta y María. Él, ora intensamente, y se entrega, incansable, al anuncio del Reino y a la liberación de los hombres.

