El texto del evangelio de la misa de este domingo tiene dos partes diferentes, la primera (Lucas 1, 1-4) es el prólogo a los escritos de Lucas en el Nuevo Testamento: el evangelio y el libro de los Hechos de los Apóstoles; la segunda parte (Lucas 4, 14-21) narra la escena paradigmática del inicio de la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret.
En la primera parte Lucas ofrece al lector las circunstancias del escrito, su finalidad y el método empleado; advierte el autor que antes de su obra se conocieron algunos intentos por relatar los hechos de Jesús, pero deja entrever que estas obras no lo satisficieron y por ello él intenta ofrecer un escrito más organizado; de esta declaración inicial se destaca la finalidad del relato: «para conozcas [ilustre Teófilo] la solidez de las enseñanzas que has recibido».
Esto es central: Lucas ofrece una narración ordenada de los acontecimientos que por voluntad divina se han cumplido entre nosotros y ello con el fin de afianzar la fe cristiana de quienes han comenzado a seguir el camino de Jesús. En este punto es conveniente reconocer dos elementos esenciales en la propuesta del evangelista: fe y memoria o, dicho con otros términos, evangelio e historia. L obra de Lucas, que iremos leyendo los domingos de este año, busca ofrecer una clave para interpretar la historia como historia de salvación, es decir, un relato que sirva de clave para poder interpretar lo que el creyente vive día a día como acontecimiento de la salvación.
La lectura seguida del evangelio nos ha de servir para tomar consciencia de los hechos de Dios salvando hoy a su pueblo y de esta forma ir fortaleciendo nuestra fe. Al ir siguiendo la narración de Lucas, los cristianos podremos darnos cuenta de cómo la historia que tiene su origen en Jesús continúa desarrollándose hoy en las comunidades cristianas y en la vida de nosotros, discípulos de Jesús.
En la segunda parte del evangelio de hoy tenemos el episodio en la sinagoga de Nazaret, que en la celebración de este domingo es ambientado desde la primera lectura (Nehemías 8, 2-4a.5-6.8-10): la institución de la celebración de la Palabra. Según la costumbre de una persona piadosa, Jesús acude a la sinagoga para la liturgia del Sabbat (día judío dedicado al Señor).
En consecuencia, con la interpretación del prólogo que hacemos al inicio de este comentario, el episodio de la sinagoga de Nazaret lo podemos entender como la puesta por ejemplo de la lectura de la Escritura en la celebración de la Iglesia, esto es, insertar conscientemente al pueblo de Dios en la historia de salvación, o mejor, llevarlo a descubrir cómo Dios continúa realizado su proyecto de salvación.
Más allá de toda esperanza humana, la fe cristiana permite reconocer cómo la vida presente es la forma como hoy se cumple la Escritura. Lejos de todo conformismo o pasividad frente al acontecer de la historia, la escucha atenta del discípulo es lo que le permite descubrir cómo la «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír».

