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#Evangelio - La vida cristiana es expresión de la comunión con Dios

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Durante estos últimos domingos de Pascua la celebración de la Iglesia viene orientándonos hacia la toma conciencia de los efectos de la Pascua de Jesucristo en cada uno…

El evangelio de la misa de este domingo (Juan 14, 23-29) diferenciamos tres partes: en la primera Jesús revela que la comunión de los discípulos con él se da en el amor que viene de Dios; en la segunda Jesús anuncia el envío y la misión del Espíritu Santo en orden a mantener la comunión con los discípulos y la tercera consiste en la despedida de Jesús.

En el evangelio de la misa del domingo pasado escuchamos a Jesús decirnos que él comparte o participa su amor a los discípulos, de manera que los cristianos amamos con el amor que Jesús mismo nos comunica. El amor que recibimos del Padre a través de Jesús nos habilita e impulsa a vivir según el Evangelio: «el que me ama guardará mis palabras».

En la segunda parte del evangelio de hoy, Jesús manifiesta cómo a lo largo de la historia los hombres de cada época podemos apropiarnos del Evangelio y vivir como discípulos suyos; esta es precisamente la misión del Paráclito: «él será quien se lo enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho».

El Paráclito obra como ‘maestro interior’ que reaviva en lo íntimo de nosotros el recuerdo de las palabras y acciones de Jesús y de esta forma nos mantiene en comunión de vida con Dios. Más que superar posibles ‘lagunas de memoria’, la actividad del Espíritu Santo está en orden a tomar conciencia del proyecto de Dios realizándose en la historia.

En la tercera parte del evangelio tenemos la despedida de Jesús con el término hebreo ‘Shalom’ –paz–. Para los hebreos es la forma de saludo y despedida. Cuando uno saluda o se despide expresa a los otros un buen deseo; pero en el evangelio de este domingo Jesús aclara que su deseo de paz, al separarse físicamente de sus discípulos, trasciende los anhelos humanos: su paz no es como la entiende el mundo, para Jesús y los cristianos la paz es un don que solo Dios puede conceder.