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#Evangelio - La comunidad de discípulos asume la misión de Jesús

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El motivo central de la primera escena de aparición del Resucitado en el evangelio de este domingo es la donación del Espíritu que Jesús, vencedor de la muerte, hace a…

En el texto del evangelio de la misa de este domingo (Juan 20, 19-31) se narran dos escenas de aparición del Resucitado a las que sigue la conclusión del relato evangélico que hace el mismo evangelista. Las apariciones del Resucitado tienen por finalidad revelar que en el seno de la comunidad cristiana se experimenta la presencia salvífica de Jesús.

Las diferentes escenas de apariciones del Resucitado tienen tres partes: una situación de duda o de no-fe de los discípulos, abre el breve relato; sigue la manifestación del Resucitado que se deja ver y que ofrece una palabra para el reconocimiento por parte de los discípulos; la escena concluye con el envío para la misión.

El motivo central de la primera escena de aparición del Resucitado en el evangelio de este domingo es la donación del Espíritu que Jesús, vencedor de la muerte, hace a sus discípulos a fin de que ellos continúen la misión que el Padre le encomendó a él. La donación del Espíritu viene a ser la continuación narrativa de los textos leídos en la celebración del Triduo pascual; el viernes santo en la lectura de la pasión según San Juan Jesús declaraba desde la cruz «Todo está cumplido» y enseguida el narrador advertía que Jesús «entregó el Espíritu». La donación del Espíritu a los discípulos es para la misión: «Así como el Padre me envió, los envío yo a ustedes».  

A lo largo de la primera parte del evangelio según San Juan, Jesús ha sido presentado primordialmente como el ‘Envidado’ del Padre (ver 3, 31-34; 5, 30; 7, 17; 8, 16; etc.), ahora el Enviado, muerto y resucitado, envía a sus discípulos. El Envidado envía. La presencia viva del Resucitado en la comunidad de sus discípulos tiene por finalidad continuar la misma misión de Jesús.

En la segunda escena del evangelio de la Misa de hoy tenemos la situación de los discípulos misioneros enviados por el Resucitado y la constitución de un nuevo creyente. La situación inicial de no-fe descansa en Tomás, uno de los Doce, por ello las palabras y gestos del Resucitado se dirigen a él. Jesús invita a Tomás a reaccionar como un creyente: «No seas incrédulo, sino creyente».

Tomás responde reconociendo que Jesús es Señor y Dios; aquí el adjetivo ‘mío’ ‒Señor mío, Dios mío‒ está indicando que el discípulo se apersona de la fe, que asume su confesión como algo personal y no simplemente de oídas.

En este contexto Jesús reafirma lo que ha expresado varias veces durante su predicación: que para llegar a ser creyente es necesario haber visto, así, por ejemplo, al funcionario real en Galilea: “¡Si no ven signos, no creerán jamás!” (Juan 4, 48).

Finalmente, en la conclusión del evangelio de la misa de hoy, el autor explica que ahora, cuando no tenemos la posibilidad de ver el cuerpo histórico, físico, de Jesús, los hombres llegan a la fe a partir de la Escritura, de modo que, si antes de la Pascua el camino para llegar a ser creyente fue ver para creer, en el tiempo de la Iglesia está siendo leer para creer.