La celebración del nacimiento de Jesús es una fiesta que la Iglesia comenzó a celebrar a mediados del siglo III; en los anuncios kerigmáticos de los apóstoles no estaba incluido el nacimiento de Cristo, ellos predicaban fundamentalmente que Cristo murió y resucitó (ver 1Corintios 15, 3-5; Hechos 10, 36-43).
Cuando el pueblo cristiano comenzó a celebrar la fiesta del nacimiento de Cristo, los Padres de la Iglesia vieron la oportunidad de llevar hasta los fieles la reflexión doctrinal sobre la identidad de Jesucristo que por aquel entonces se precisaba en el concilio de Nicea del año 325 (el Verbo es de la misma naturaleza del Padre. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, por ello María es Madre de Dios) y del concilio de Calcedonia del 451 (en Cristo existen dos naturalezas perfectas, la humana y la divina).
Durante esta última semana de Adviento y en los días de Navidad la celebración de la Iglesia nos conduce hacia la confesión de fe en el misterio de la Encarnación para acoger este misterio mediante la liturgia, de modo que celebrar cristianamente la Navidad es acoger con fe el anuncio de la encarnación del Hijo de Dios para participar en la vida que Él nos comunica.
Dos contenidos fundamentales de la fe en la encarnación del Hijo de Dios se pueden reconocer en el evangelio de la misa de este domingo (Mateo 1, 18-25): en Jesús se cumplen las promesas de salvación que Dios anunció a Israel y Jesús es Hijo de Dios. Veámoslos.
Los cristianos católicos en un buen número no estamos habituados a la historia de la primera alianza; sin embargo, sirve de mucho conocer las promesas de salvación, que animaron la fe de Israel, para entender con mayor hondura la persona y la predicación de Jesús. La salvación de la humanidad nos viene de Dios a través de la historia del pueblo de Israel, pues el Mesías es descendiente del rey David, entra en la historia de la humanidad a través de la familia de ‘José, hijo de David’, asume las tradiciones y cultura de ese pueblo.
De otra parte, el ángel anuncia en sueños a José que la criatura que espera María ha sido concebida por la acción del Espíritu Santo en ella, el que nacerá será el salvador de los pecados. En estos acontecimientos se cumple el anuncio de salvación por el Emmanuel, el Dios con nosotros. El Hijo de Dios hecho hombre es salvador porque siendo Dios puede liberar a los hombres del pecado.

