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#Evangelio - El amor es la inteligencia primordial para descubrir a Jesús

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‘Agapáo’ es una acción que tiene su origen el Dios (ver Juan 15, 9-11) y resulta siendo la expresión de la fe/fidelidad: «Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi…

El evangelio de la misa de este domingo (Juan 21, 1-19) es un relato de aparición del Resucitado. Al final de cada uno de los cuatro evangelios tenemos estos relatos de apariciones cuya estructura suele tener tres partes: 1. inician refiriendo la situación de dificultad de la fe de los discípulos, 2. el Resucitado se manifiesta y recurre a la memoria de los discípulos bien sea a través de textos de la Escritura o de gestos que compartía con los discípulos, y 3. concluyen con el envío misionero de los testigos.

La primera parte del relato de aparición del Resucitado que leemos este domingo acude a la imagen de la pesca para situar la escena en el contexto del apostolado en Galilea; la iniciativa apostólica de Simón Pedro es secundada por los demás discípulos, pero no ha dado resultado.

La segunda parte se introduce refiriendo el paso de la noche al día; al amanecer Jesús aborda a los discípulos con una pregunta de quien tiene hambre: «Muchachos, ¿tienen pescado?» (En el texto griego Jesús pregunta si tienen ‘ti prosphagion’, ‘algo para comer’).

Siguiendo las indicaciones de Jesús las labores de los discípulos pasar a ser signo de la abundancia, signo que permite reconocerlo; pero es «aquel discípulo a quien Jesús amaba» el que ‘ve el signo’. Quizá el narrador intente decir que el amor es la inteligencia primordial para descubrir a Jesús; de ser esta la intención, la triple pregunta a Simón Pedro, en la tercera parte, se la puede entender como la guía de Jesús para el verdadero aprendizaje antes de la misión.

Antes de abordar la tercera parte del relato de aparición del Resucitado, es útil reconocer en el texto griego la diferencia de dos verbos ‘agapáo’ y ‘philéo’, que se suelen traducir en castellano por ‘amar’. El Nuevo Testamento acude al verbo ‘agapáo’ para referirse al amor de Dios, mientras que ‘philéo’ lo deja para decir del amor de amistad.

‘Agapáo’ es una acción que tiene su origen el Dios (ver Juan 15, 9-11) y resulta siendo la expresión de la fe/fidelidad: «Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor». ‘Philéo’ es la vivencia armónica de las relaciones humanas, que para un cristiano tienen su origen en Dios, pues es Él quien mueve al hombre a vivir en fraternidad con los demás.

Volviendo a la tercera parte de la narración de la aparición del Resucitado en el evangelio de hoy, esta se abre con una primera pregunta de Jesús a Simón, hijo de Juan, «¿Me amas [agapás] más que estos?» Esta formulación hace recordar la conclusión de la parábola de Lucas (7, 40-43): a quien más se le ha perdonado, más amor demuestra. El aprendizaje para la misión principia por reconocer que el ser humano es ‘un perdonado’ y cuanto mayor sea la esta toma de conciencia, mayor será la afirmación en el amor a Dios. La respuesta de Simón Pedro se expresa con el verbo ‘philéo’: «Sí Señor; tú sabes que te quiero».

La tercera pregunta de Jesús al discípulo emplea el verbo ‘philéo’: «¿me quieres?» Aquí la respuesta de Pedro, luego de dejar saber ‒mediante su tristeza‒ lo laborioso de este aprendizaje, reconoce que es Dios el origen del amor, es Dios quien mueve al hombre a amar: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero [‘philo se’]».

Antes, durante la última cena, Pedro había dicho: «¡Aunque todos fallen, yo no!» (Marcos 14, 29), ahora, después de este aprendizaje, sabe que es Dios el origen del amor, quizá por ello el texto en la respuesta de Simón Pedro emplea ‘philéo’ y no ‘agapáo’. Cuando el discípulo ha comprendido que no es la iniciativa humana sino el amor de Dios quien mueve a la acción está preparado para la misión.