Pasar al contenido principal

#Evangelio - Dios crea en nosotros las condiciones para acoger al Mesías (15 de diciembre)

https://arquimedia.s3.amazonaws.com/28/evangelio-dominical/15122019png.png

Los textos que propone el Misal para la celebración de hoy nos encaminan hacia la búsqueda de la comunión de vida con Dios, fuente de la verdadera alegría, y de este…

La antífona de entrada de la misa de hoy acentúa la alegría cristiana de estos días previos a la Navidad: «Estén siempre alegres en el Señor, lo repito, estén alegres. El Señor está cerca» (Colosenses 4, 4-5). Por eso a este domingo, el III de Adviento, se le ha llamado ‘Dominica gaudete’.  No se puede perder de vista que la invitación a estar alegres tiene fundamento en la proximidad de la Navidad.

El evangelio de la misa de hoy (Mateo 12, 2-11) tiene dos partes, en la primera se nos refiere la respuesta de Jesús a la incertidumbre de Juan el Bautista, en la segunda oímos de labios de Jesús un elogio de la persona y misión de Juan.

La primera parte produce cierta inquietud en el lector atento. Sabemos que Juan el Bautista predicó en el desierto e invitó a la conversión para acoger al que viene a continuación de él; y ahora Juan resulta con dudas sobre las obras mesiánicas de Jesús hasta el punto de enviarle mensajeros para preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Reconocemos aquí una expresión de ansiedad de Juan el Bautista por la llegada del Reino, ansiedad de la que a veces participamos nosotros. A remediar en algo esta crisis de ansiedad vienen a responder los versículos de la carta de Santiago que escuchamos en la segunda lectura (Santiago 5, 7-10) cuando trae ante nosotros la paciencia con la que el agricultor asume el tiempo de la lluvia en el invierno y en la primavera en espera de la maduración de la cosecha.

La respuesta de Jesús a los enviados de Juan principia invitándolos a ser conscientes del ambiente, para ello es preciso ‘ver y oír’.

Es importante notar que el narrador de la escena no menciona que Jesús haya realizado en presencia de los enviados de Juan alguna curación o algún anuncio kerigmático, con ello nos está remitiendo al tiempo de la salvación más que a las acciones milagrosas de Jesús.

A continuación, y como una valoración de la experiencia de ver y oír, Jesús pronuncia una bienaventuranza: «¡Bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Teniendo en cuenta la intención del narrador, que silencia los milagros y las palabras de Jesús, la bienaventuranza con la que se despide a los enviados de Juan se destaca como una invitación del Maestro a aceptar la experiencia de salvación que ya ha comenzado a manifestarse en medio de los hombres.

El mensaje central del evangelio de este domingo se puede formular como la invitación a confiar en la historia de Jesús y de sus obras para implicarnos en ellas. La salvación ocurre cuando Dios interviene manifestándose en la historia de las personas para abrir en la experiencia personal de cada uno un camino que conduce hacia la plenitud de vida que Dios quiere para todo ser humano.