Mediante la historia de un administrador que se ve despojado de su poder y así requerido a atender una nueva situación en su existencia Jesús explica que el tiempo se termina y hay que actuar con prontitud.
En el texto del evangelio de la misa (Lucas 16, 1-13) podemos considerar cuatro partes. En la primera el Señor nos narra la historia de un administrador corrupto que ha sido descubierto; en la segunda parte Jesús, partiendo de la conclusión misma de la historia narrada, deduce una enseñanza para la vida cristiana; en la tercera el Maestro relaciona lo histórico de la vida del ser humano con lo definitivo del Reino (tiempo y eternidad), finalmente la cuarta parte está conformada por una enseñanza de Jesús sobre la imposibilidad de servir a Dios y al dinero. Las dos últimas partes bien se pueden considerar una preparación para la parábola del domingo entrante.
Es importante comenzar por advertir que la historia contada por Jesús tiene una lección o enseñanza que forma parte de la misma narración: «El amo alabó al administrador injusto porque había actuado con astucia»; el amo o señor termina reconociendo la astucia del administrador inicuo.
De otro lado, es importante notar que el tiempo del administrador se divide en dos periodos: uno extenso, de malos manejos, y otro muy breve, que transcurre entre el aviso de despido y la entrega del cargo. La lección o enseñanza que propone el amo se refiere a la actuación del administrador en el tiempo breve.
La denuncia que precipita en paso de un periodo al otro evoca el texto del profeta Amós escuchado en la primera lectura; Dios no se queda en silencio ante la injusticia. Esta denuncia profética hay que referirla a nuestro encuentro personal con el Evangelio.
En estos términos, el encuentro con el Evangelio da paso a la acción que la parábola sitúa entre el aviso de despido y la entrega del cargo. Se trata de un tiempo breve que concluirá con un sustancial cambio de la condición de vida del administrador; en este segundo tiempo el administrador actúa con prontitud: «Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe…». El administrador no está dispuesto a perder ni un instante del tiempo que va entre la denuncia y el cese en el cargo.
El administrador de la historia venía ejerciendo el cargo malgastando los bienes del amo, a partir de una denuncia se hace consciente del final de su trabajo y ante la nueva situación que ha de asumir decide actuar con inteligencia práctica. El evangelio de este domingo, partiendo de la habilidad con la que el administrador encara la nueva situación de su existencia, propone al discípulo de Jesús actuar con astucia, con inteligencia práctica. En nuestra condición de discípulos, la denuncia que refiere la historia parabólica se puede asimilar a aquello que suscitó en nosotros el primer anuncio: el encuentro personal con Jesucristo; esta experiencia debió haber significado la toma de conciencia de nuestra vocación para que, a partir de ello, nos decidiéramos por el camino del Evangelio. En este escenario la enseñanza de Jesús este domingo se puede recibir como la necesidad de actuar con inteligencia práctica, esto es, asumir como prioridad el Reino y en función de él hacer servir los carismas y bienes con los que contamos.

