
Nuestro barrio El Polo y nuestra ciudad Bogotá ofrecen hoy día un clima poco propicio a quienes queremos buscar un poco de silencio y soledad para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. No Es fácil liberarnos del ruido permanente y del asedio constante de todo tipo de ruidos, llamadas y mensajes. Por otra parte, las preocupaciones, problemas y prisas de cada día nos llevan de una parte a otra, sin apenas permitirnos ser dueños de nosotros mismos.
Nos pasamos la vida demasiado fatigados, demasiado ocupados, demasiado distraídos, demasiado acosados por personas y compromisos para encontrarnos con nosotros mismos o para descansar gozosamente ante Dios.
Se nos ha olvidado lo que es detenernos, interrumpir por unos minutos nuestras prisas, liberarnos por unos momentos de nuestras tensiones y dejarnos penetrar por el silencio y la soledad de un recinto sagrado, el Oratorio, la Capilla, el Templo.
Muchas personas sorprenderían al descubrir que, con frecuencia, basta pararse y estar en silencio un cierto tiempo, para aquietar el espíritu y recuperar la lucidez y la paz. Cuánto necesitamos nosotros hoy encontrar ese silencio y soledad que nos ayude a entrar en contacto con nosotros mismos para recuperar nuestra libertad y rescatar de nuevo toda nuestra vida interior. Sin ese silencio interior, no se puede escuchar a Dios, reconocer su presencia en nuestra vida y crecer desde dentro como seres humanos y como creyentes. Según Jesús, “El hombre bueno, del bien que en su corazón tiene guardado, saca cosas buenas, y el hombre malo, del mal saca cosas malas”. El bien no brota de nosotros espontáneamente. Hemos de cultivarlo y hacerlo crecer en el fondo del corazón. Muchas personas comenzarían a transformar su vida si acertaran a detenerse para escuchar todo lo bueno que Dios suscita en el silencio de su corazón.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán
