
¿Por qué tanta gente vive calladamente insatisfecha? ¿Por qué tantas personas encuentran la vida monótona, trivial, insípida.. sin sentido? ¿Por qué se aburren en medio de su bienestar? ¿Qué les falta para encontrar el sentido de la existencia?
Quizás, la existencia de muchos cambiaría y adquiriría otro color y otra vida, sencillamente si aprendieran a amar desinteresadamente a alguien. Lo queramos o no, todos nosotros estamos llamados a amar incondicionalmente… y, si no lo hacemos, en nuestra vida se abre un vacío que nada ni nadie lo puede llenar. No es una ingenuidad escuchar las palabras de Jesús: ”… hagan el bien y presten sin esperar que les paguen nada…”. Puede ser el secreto de nuestra vida. Lo que puede devolvernos la alegría y el sentido de vivir.
Es fácil terminar sin amar a nadie de manera verdaderamente gratuita. No hago daño a nadie. No me meto en los problemas de los demás. Respeto los derechos de los otros. Vivo mi vida. Pero eso, ¿es vida? Despreocupado de todos, reducido a mi trabajo, mi profesión o mi oficio, ajeno a los sufrimientos de la gente, me encierro en mi “campana de cristal”. ¿Para qué? ¿Para encontrar mi felicidad?
Vivimos en una sociedad donde es difícil aprender a amar gratuitamente. En casi todo nos preguntamos: ¿Para qué sirve? ¿Es útil? ¿Qué gano con esto? Todo lo calculamos y lo medimos. Nos hemos hecho a la idea de que todo se obtiene “pagando”: alimentos, vestido, vivienda, transporte, diversión. Y así corremos el riesgo de convertir todas nuestras relaciones interpersonales en puro intercambio de servicios.
Pero, el amor, la amistad, la acogida, la solidaridad, la cercanía, la intimidad, la lucha por el débil, la esperanza, la alegría interior.., no se obtienen con dinero. Son algo gratuito que se ofrece sin esperar nada a cambio, si no es el crecimiento y la vida del otro.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán
