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Domingo 5º de cuaresma07 de abril de 2019

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evangelio

 

Sorprende ver a Jesús rodeado de varias mujeres: amigas entrañables como María Magdalena o las hermanas Marta y María de Betania, las hermanas de Lázaro. Seguidoras fieles como Salomé, madre de una familia de pescadores. También mujeres enfermas, prostitutas de aldea... De ningún profeta se dice algo parecido. ¿Qué encontraban en Jesús las mujeres?, ¿por qué las atraía tanto? La respuesta que ofrecen los relatos es clara. Jesús las mira con ojos diferentes. Las trata con una ternura desconocida, defiende su dignidad, las acoge como discípulas. Nadie las había tratado así.

 Se entiende la reacción de Jesús cuando le presentan a una mujer sorprendida en adulterio, con intención de lapidarla. Nadie habla del varón. Es lo que ocurría siempre en aquella sociedad machista. Se condena a la mujer porque ha deshonrado a la familia y se disculpa con facilidad al varón.

 Jesús no soporta la hipocresía social construida por el dominio de los hombres. Con sencillez y valentía admirables, pone verdad, justicia y compasión: ¡El que no tenga pecado, que le tire la primera piedra! Los acusadores se retiran avergonzados. Saben que ellos son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquella sociedad. Jesús se dirige a aquella mujer humillada con ternura y respeto: Tampoco yo te condeno. Vete, sigue caminando en tu vida y, en adelante, no peques más. Jesús confía en ella, le desea lo mejor y le anima a no pecar. Pero, de sus labios no saldrá condena alguna.

¿Quién nos enseñará a mirar hoy a la mujer con los ojos de Jesús?. ¿Quién introducirá en la Iglesia y en la sociedad la verdad, la justicia y la defensa de la mujer al estilo de Jesús?

 

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán