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Domingo 32º del Tiempo Ordinario Domingo 07 de noviembre de 2021

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"… ¡Cuidado con los maestros de la Ley! ... En verdad les digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie". (Marcos 12, 38–44).

 

Estamos a tres (3) semanas de comenzar el nuevo año litúrgico con el Tiempo de Adviento... Por ahora, fijémonos en el Evangelio de este Domingo:

Encontramos dos escenas en el relato de hoy. Claramente hay un fuerte contraste entre ellas. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes religiosos: ”¡Cuidado con los maestros de la Ley!” (los escribas judíos), su comportamiento puede hacer mucho daño. En la segunda llama a sus discípulos para que tomen nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a los discípulos de Jesús a vivir el Evangelio.

Es sorprendente el lenguaje duro e infalible que emplea Jesús para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas y maestros de la Ley. Jesús no puede soportar su vanidad y su afán de ostentación. Buscan sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar.

El Evangelista Marcos no recoge las palabras de Jesús para condenar a los escribas que había en el Templo de Jerusalén antes de su destrucción, sino para poner en guardia a las comunidades cristianas para las que escribe… y también hoy a nosotros. Todos, especialmente los ministros ordenados (obispos, presbíteros y diáconos) tenemos que ser servidores de la comunidad. Nada más. Si lo olvidamos, somos un peligro para todos. Hay que reaccionar para que no hagamos daño.

En la segunda escena, Jesús está sentado frente al arca de las ofrendas, es decir, de los donativos. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que sostienen el gran Templo de Jerusalén. De pronto se acerca una señora. Jesús observa que echa dos moneditas, unos centavos. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin recursos. Probablemente vive mendigando junto al Templo.

Conmovido, Jesús llama rápidamente a sus discípulos. No han de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad: ”En verdad les digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie”. Mientras los escribas judíos viven aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende por los demás, confiando totalmente en Dios. Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera espiritualidad: confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor incondicional y desinteresado, sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta señora. Solo sabemos que Jesús vio en ella un modelo para sus discípulos y apóstoles... los futuros servidores de su Iglesia… y también para nosotros.

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez