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DOMINGO  23  DE  MAYO 2021  -    PENTECOSTÉS

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"Reciban el Espíritu Santo ..." (Juan 20, 19–23)

Poco a poco, lentamente, muchos cristianos-católicos se están acostumbrando a vivir sin espiritualidad, sin interioridad. Creen no necesitar estar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros, con el sí-mismo. Les basta con vivir entretenidos. Se contentan con funcionar sin espiritualidad y alimentarse solo de bienestar material. No quieren exponerse a buscar la verdad.

Entonces oramos: Ven, Santo Espíritu, y libéranos del vacío interior.

Han aprendido a vivir sin raíces y sin metas. Les basta con dejarse programar desde fuera. Se mueven y corren sin cesar, pero no saben qué quieren ni hacia dónde van. Están cada vez mejor informados, pero se sienten más perdidos que nunca.

Entonces oramos: Ven, Espíritu Santo, y libéranos de la desorientación.

Apenas les interesan ya las grandes cuestiones de la existencia. No se preocupan quedarse sin luz para enfrentar a la vida. Se han hecho más escépticos, pero también más frágiles e inseguros. Quieren ser inteligentes y lúcidos. Pero no encuentran sosiego ni paz ni interioridad.

Entonces oramos: Ven, Espíritu Santo, y libéranos de la oscuridad y la confusión interior.

Quieren vivir más, vivir mejor, vivir más tiempo, pero... ¿vivir qué? Quieren sentirse bien, sentirse mejor, pero... ¿sentir qué? Buscan disfrutar intensamente de la vida, sacarle el máximo provecho, pero no se contentan solo con pasarlo bien: hacen lo que les apetece. ¿Por qué querer algo diferente?

Entonces oramos: Ven, Espíritu Santo, y enséñanos a vivir.

Quieren ser libres e independientes, y se encuentran cada vez más solos. Necesitan vivir y se encierran en su pequeño mundo, a veces tan aburrido. Necesitan sentirse amados y no saben crear relaciones vivas y amistosas. Al sexo lo llaman "amor", y al placer "felicidad", pero... ¿quién saciará su sed?

Entonces oramos: Ven, Espíritu Santo, y enséñanos a amar.

En sus vidas ya no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado reprimida o disminuida dentro de ellos. Llenos de ruidos por dentro, ya no pueden escuchar su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no aciertan a percibir su cercanía. Saben hablar con todos menos con Él. Han aprendido a vivir de espaldas al Misterio de Dios.

Entonces oramos: Ven, Espíritu Santo, y enséñanos a creer.

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez