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Domingo 1º de cuaresma10 de marzo de 2019

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evangelio

 

Toda persona que no quiera vivir desequilibrada, debe saber mantenerse lúcida y vigilante ante las posibles equivocaciones que puede cometer en la vida. Quizás una de las aportaciones más válidas de Jesús de Nazaret es la de poder ofrecer a quienes lo conocemos y seguimos, la posibilidad de ser cada día más humanos. En Jesús podemos escuchar el grito de alerta ante las graves equivocaciones que nos acechan siempre como personas.

 La primera equivocación es la de considerar la satisfacción de nuestras necesidades materiales como el objetivo último y absoluto. Pensar que nuestra felicidad última se encuentra en la posesión y el disfrute de los bienes. Según Jesús, esa satisfacción de las necesidades materiales, con ser muy importante, no es suficiente. Cada uno de nosotros se va haciendo humano cuando aprendemos a escuchar la Palabra del Padre que nos llama a vivir como hermano. Entonces descubrimos que ser humano es compartir, y no poseer… dar, y no acaparar… crear vida, y no explotar al hermano.

 La segunda equivocación es la de buscar el poder, el éxito y el triunfo personal, por encima de todo y a cualquier precio. Incluso siendo infieles a nuestra propia misión y cayendo esclavos de las idolatrías más ridículas. Según Jesús, nosotros acertamos, no cuando buscamos nuestro propio prestigio y poder, en la competencia y la rivalidad con los demás, sino cuando somos capaces de vivir en el servicio generoso y desinteresado a los hermanos.

 La tercera equivocación es la de tratar de resolver el problema último de la vida, sin riesgos, luchas ni esfuerzos, utilizando interesadamente a Dios de manera mágica y egoísta. Según Jesús, entender así la religión es destruirla. La verdadera fe no conduce a la pasividad, la evasión de la realidad y la huida ante los problemas. Al contrario, si hemos entendido un poco lo que es ser fiel a un Dios, Padre de todos, nos arriesgamos cada día más en el esfuerzo por lograr una sociedad de personas más libres y más hermanos.

 

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán