COMENTARIO INICIAL
Sean bienvenidos a la gran Solemnidad de Pentecostés, que nos hará testigos, al igual que al grupo de los apóstoles, del Don de Dios Espíritu Santo.
"Pentecostés", en griego, significa "día quincuagésimo" o "cincuenta días después". El 50 es un número que ya los judíos tenían asimilado desde hace siglos como símbolo de plenitud: una semana de semanas, siete por siete más uno. Es cuando celebraban, después del Éxodo, la fiesta de la recolección agrícola y la Alianza que sellaron con Yahvé-Dios en el monte Sinaí, guiados por Moisés, a los cincuenta días de su salida de Egipto.
Los cristianos celebramos hoy, después de la Pascua-Resurrección de Jesús, su donación del Santo-Espíritu a los apóstoles y discípulos precisamente a los cincuenta días de la Resurrección. No como fiesta independiente… sino como parte y culminación de la Pascua.
Que Dios, Santo-Espíritu nos mueva hoy a iniciar con gozo esta solemne celebración, cantando juntos...
COMENTARIO A LA LITURGIA DE LA PALABRA
Como culmen de la Pascua se produce el envío del Espíritu Santo en Pentecostés. Y de ello hablan las lecturas que hoy hacemos, cada una desde su perspectiva. Tanto el evangelio como el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen su propia versión de este acontecimiento, resaltando diversos aspectos de un mismo Misterio. Más allá de toda diferencia existe, no obstante, una coincidencia de fondo: en ambos casos se resalta que el Espíritu es el don que el Señor Jesús hace a sus apóstoles y discípulos para que puedan continuar su misión.
Pongamos atención a la Palabra que se nos proclamará a continuación.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
- Por la Iglesia, comunidad de creyentes reunidos por el Espíritu Santo, para que fortalecida y conducida por el mismo Santo-Espíritu sea un signo para el mundo del Dios bueno y providente. Oremos.
- Por nuestro Arzobispo Cardenal Rubén, para que en su ministerio pastoral resplandezca el amor de Dios que busca la unidad de todos los creyentes. Oremos.
- Por nuestros gobernantes, para que, dejándose guiar por el Espíritu Santo, encuentren soluciones justas y a las dificultadas por las que atraviesa nuestra sociedad. Oremos.
- Por nosotros, para que renovados por el Espíritu seamos dóciles a la obra nueva que Él quiera realizar en nosotros mismos y así podamos ser discípulos de Jesús. Oremos.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo de la Catedral y Párroco de San Luis Beltrán

