Queridos hermanos, nos alegra verles nuevamente aquí, en nuestro templo parroquial, reunidos para celebrar esta Eucaristía dominical, en el que la liturgia nos ponen delante un mensaje consolador: el perdón de Dios… esto nos animan a todos, que somos pecadores y necesitamos de esta misericordia de Dios, a confiar en Él.
Deseosos de encontrarnos con Dios, Padre-Hijo-Espíritu, y recibir muestras de su misericordia, iniciemos con devoción la celebración de estos misterios. ¡Cantamos!

Amor, fidelidad, compasión, ternura y, en última instancia, salvación… son palabras clave con las que las lecturas de hoy describen las relaciones entre Dios y el ser humano. El pasaje del Libro de la Sabiduría nos muestra a Dios como “amigo de la vida”, con lo que nos reconforta y llena de esperanza. El Salmista, por su parte, proclama a Dios como rey y Señor, pero deja bien claro que esa realeza y ese señorío radican esencialmente en su amor y su fidelidad a las criaturas. En el Evangelio de hoy Jesús, el Hijo del Padre, encarna en su persona el amor y la fidelidad del Padre Dios.

- Por nuestra Iglesia Católica, para que siga llevando a los hombres al encuentro con Dios, que quiere salvar y perdonar a todos. Oremos.
- Por los que ocupan cargos públicos, especialmente los que gobiernan nuestra Nación Colombiana, para que hagan buen uso de los recursos del Estado y resistan las tentaciones de la corrupción. Oremos.
- Por los que pasan hambre y necesidad, para que haya buenos cristianos que con generosidad hagan presente el amor de Dios auxiliando al que lo necesita. Oremos.
- Por nosotros mismos, para que esta liturgia de la Palabra y la Comunión con el Cuerpo de Cristo Jesús nos sirva de consuelo y nos anime a cambiar nuestro estilo de vida y ajustarlo a la voluntad de Dios. Oremos.

