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Bienvenidos a la celebración de esta liturgia!
Nos encontramos ya en el último Domingo de preparación para el Nacimiento del Niño Jesús, un motivo que nos llena de alegría al ir finalizando el Adviento.
La liturgia del día de hoy pone su acento en el papel importantísimo de María y José, la mujer y el varón que dijeron sí al proyecto de salvación de Dios.
María fue la que mejor vivió el Adviento y la Navidad: ella, la que "le esperó con inefable amor de Madre". Ella, María, puede ayudarnos a vivir próxima la Navidad con mayor profundidad desde nuestra fe, no conformándonos con la propaganda de consumo de estos días y acogiendo a Dios en nuestra vida con el mismo amor y la misma fe que ella.
Con ese gozo, del que nos llena la cercanía de la Navidad, comencemos la Eucaristía...
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El evangelista san Mateo aplicó el oráculo del Emmanuel, que hoy leemos en la primera lectura, al nacimiento de Jesús. En él se cumplen las Escrituras de modo definitivo. Nuestra generación, que busca al Salvador como la del salmista, lo puede encontrar en la perdona del hombre Jesús de Nazaret. Quien lo descubra tendrá que anunciarlo en todas partes con la misma valentía y decisión del apóstol san Pablo.
Escuchemos, ahora, la Palabra de Dios.
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- Para que en el seno de nuestra Iglesia Católica se siga gestando el nacimiento de Jesús que transforme nuestras vidas. Oremos.
- Para que el Niño Jesús, el Hijo de Dios, el Príncipe de la paz traiga paz y reconciliación a todos los pueblos de la tierra y el mensaje de reconciliación de la Navidad llegue a los confines del mundo. Oremos.
- Para que los más necesitados reciban el sustento necesario en estas fiestas navideñas y todo el año nuevo. Oremos.
- Por los que hoy acogemos a Jesús en la comunión, para que le permitamos nacer en nuestros corazones y que transforme nuestras vidas. Oremos.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo de la Catedral y Párroco de San Luis Beltrán

