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9-oct.-jueves de la 27.ª semana del T. O.

El tentador vuelve siempre, y vuelve disfrazado. (…)  En este sentido, una de las virtudes más útiles que se ha de practicar es la de la vigilancia.

Van pasando apresuradamente los días y esto nos da pie para reflexionar en tu palabra y lo que nos regalas en el testimonio de los santos, especialmente cuando recordamos a san Luis Bertrán nacido en Valencia España en 1526 de familia, acomodada y muy virtuosa.  Desde niño se inclinó por una vida de oración y penitencia; dejó su hogar y se retiró cerca de Bruñol; a los 20 años, ingresó en la orden de predicadores. En 1562 viajó a Colombia y se dedicó a la catequesis, la evangelización y la construcción de iglesias. Su celo y caridad le ganó el afecto de los indígenas, que acudían a él de todas partes y siempre lo acompañaban. En 1570 regresó a España donde continuó su labor apostólica y murió en 1581. 

Ahora, Señor, danos el don del discernimiento para acoger tu palabra y llevarla a lo práctico de nuestra vida diaria. Algunos no quieren reconocer el bien que tú realizas y te acusan injustamente al verte liberar a una persona del mal. Pero tú les respondes con claridad: «un reino dividido no puede sostenerse». Y les recuerdas que cuando liberas a alguien el Reino de Dios ya está actuando. 

Tú no vienes a condenarnos, sino a liberarnos y a devolvernos la paz. Hoy también nos dejas una advertencia: no basta con apartar el mal; hay que llenar la vida de amor y de servicio. Una casa limpia y vacía queda expuesta a que vuelva aquello de lo que se había liberado. De la misma manera, el corazón necesita estar lleno de Dios: de oración, de su Palabra, de perdón, de buenas obras y de compañía que nos ayude a caminar en la fe.

Por eso, no nos quedemos solamente en decir: “Quiero cambiar”. Demos pasos concretos y mantengamos el corazón cerca del Señor. Cuando llegue la tentación o el desánimo, pidámosle ayuda a Jesús. Él es el más fuerte y puede sostenernos.

Que hoy podamos preguntarnos: ¿qué necesito dejar atrás y con qué quiero llenar mi corazón? Pidámosle al Señor que habite en nosotros y nos ayude a elegir el bien cada día. Amén. 

Un muy feliz viernes colocados en las manos del Señor. 

Las palabras de los Papas

Pero el verdadero problema, que tantas veces olvidamos, es que la conversión no sólo nos hace caer en la cuenta del mal para hacernos elegir el bien, sino que al mismo tiempo impulsa al mal a evolucionar, a volverse cada vez más insidioso, a enmascararse de manera nueva para que nos cueste reconocerlo. Es una verdadera lucha. El tentador vuelve siempre, y vuelve disfrazado. (…)  En este sentido, una de las virtudes más útiles que se ha de practicar es la de la vigilancia. Jesús describe la necesidad de esta atención sobre nosotros mismos y sobre la Iglesia (…) por medio de un ejemplo eficaz: «Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’. Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada. Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio» (Lc 11,24-26). Nuestra primera conversión conlleva un cierto orden: el mal que hemos reconocido y tratado de extirpar de nuestra vida, efectivamente se aleja de nosotros; pero es ingenuo pensar que permanezca alejado por largo tiempo. En realidad, poco después se nos vuelve a presentar bajo una nueva apariencia. Si antes aparecía vulgar y violento, ahora en cambio se comporta de manera más elegante y educada. Entonces necesitamos reconocerlo y desenmascararlo una vez más. Permítanme la expresión: son los “demonios educados”, entran con educación, sin que uno se dé cuenta. Sólo la práctica cotidiana del examen de conciencia puede hacer que nos demos cuenta. Por eso se ve la importancia del examen de conciencia, para vigilar la casa.  (Francisco – Discurso a la Curia romana, 22 de diciembre de 2022)

 
el que no está con Jesús —que es verdad, bondad, alegría y vida— se deshumaniza
ORACIÓN 

Señor, al iniciar hoy mi oración sobre el evangelio del día, quiero estar muy cerca de Ti. Cuando tengo sed, tengo necesidad de una fuente; y cuando estoy enfermo tengo necesidad de médico. En esta sociedad tan violenta, tengo necesidad de encontrarme contigo que eres: paz, alegría, libertad y vida. Sé que Tú puedes más para el bien que el demonio para el mal. ¡Gracias! Amén. 

Meditación-reflexión cf. https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-9-de-octubre-de-2026 

El fuerte y el más fuerte. De eso nos habla el evangelio de hoy. Y todos constatamos, cada día, la fuerza y el poder del mal. La violencia desatada en las guerras actuales no tiene nombre. No se mira a las personas: si son hombres o mujeres; si son ancianos o niños; si son de un país u otro.  Y cuando el mal es más grande, todavía mejor. Da la impresión de que se hayan desatado las fuerzas del mal y quisieran convertir este mundo en un infierno de dolor, esclavitud, y miedo. Pensemos en la absurda e injusta guerra de Ucrania. Y el conflicto israelí-Palestino. Irán y Estados Unidos. Por eso, es precisamente ahora cuando más necesitamos acudir al evangelio para constatar que hay “Alguien que es más fuerte que el fuerte”. Ése es Jesús que, resucitando de entre los muertos, ha vencido la muerte y todo tipo de muerte, de modo que las fuerzas del mal tienen que ceder.

Cada uno sabe qué demonios le pueden tentar desde dentro y desde fuera. Haremos bien en decir humildemente, con el Padrenuestro, «no nos dejes caer en la tentación», «líbranos del Maligno». Cuando comulgamos, se nos invita a participar de Cristo Jesús, que es «el que quita el pecado del mundo». La Eucaristía es la mejor fuerza que Dios nos da en la lucha contra el mal (J. Aldazaba).

Por eso, es el mismo Jesús quien nos dice: «El que no está conmigo, está contra mí». Y es como si dijera: el que no está conmigo —que soy verdad, bondad, alegría y vida— se deshumaniza. Y va contra Jesús todo aquel que atenta contra la persona humana. El fuerte, trata de desunirnos, deshumanizarnos; pero “El más fuerte” nos atrae a la unidad, a la libertad, a la alegría y a la vida en plenitud. ¿Qué opina el Papa León XIV sobre el mal? La mejor respuesta la dio en sus primeras palabras después de haber sido elegido Papa. “Dios nos quiere. Dios ama a todos. El mal no ganará. Estemos todos en las manos de Dios. Por tanto, sin miedo, unidos, mano a mano y en las manos de Dios, caminemos adelante, siendo discípulos de Cristo”.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.