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6-sep.-domingo de la 23.ª semana del T. O.

«Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo [...]».

Amanecer bueno amanecer y radiante claridad que nos regalas en un día dedicado a ti. Gracias, Señor, por esta semana vivida y compartida en amor servicio y solidaridad con nuestros hermanos. 

Ahora que meditamos tu palabra, nos regalas tres caminos que serían suficientes para vivir cumpliendo tu voluntad. El primer camino es el perdón al que tú siempre nos has invitado para hacerlo de manera radical, perdonando y olvidando. Nuestro segundo camino nos lo regalas en la comprensión a los demás con un dicho que tiene que ser para nosotros una forma de pensar y razonar: «ponerse en los zapatos del otro». Es comprender la debilidad humana y la fortaleza divina. Tú siempre nos has mostrado que la mejor manera de amar es la de perdonar de corazón. Nuestro tercer camino es la solidaridad: caminar juntos, procurando cuidar los pasos del hermano débil y desesperanzado, que a veces nos llevan a obrar de una manera diferente y caemos en la debilidad espiritual. En este domingo en el que intentamos seguir tus pasos y aprender de ti, reconociendo que en muchas ocasiones nuestra razón y nuestra lógica nos alejan de tu proyecto de amor. Ayúdanos, Señor, a fijar nuestra mirada en lo esencial y a descubrir en el hermano tu presencia bondadosa y misericordiosa. Nuestro domingo sea de descanso y de reflexión pensando que la mejor manera de amarte a ti es amando y perdonando con corrección fraterna y misericordiosa. Amén.

Los abrazo y los bendigo.

Meditación del Papa

Otro fruto de la caridad en la comunidad es la oración en común. Dice Jesús: «Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La oración personal es ciertamente importante, es más, indispensable, pero el Señor asegura su presencia a la comunidad que —incluso siendo muy pequeña— es unida y unánime, porque ella refleja la realidad misma de Dios uno y trino, perfecta comunión de amor. Dice Orígenes que «debemos ejercitarnos en esta sinfonía», es decir, en esta concordia dentro de la comunidad cristiana. Debemos ejercitarnos tanto en la corrección fraterna, que requiere mucha humildad y sencillez de corazón, como en la oración, para que suba a Dios desde una comunidad verdaderamente unida en Cristo. (Benedicto XVI, 4 de septiembre de 2011)

 

donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos
ORACIÓN 

Señor, gracias, por ser tan bueno. Por darme la oportunidad de este momento de oración. Ayúdame a estar atento a las inspiraciones de tu Espíritu Santo. Este día seguramente estará lleno de desafíos y actividades, oportunidades para perdonar y buscar el perdón: con tu gracia lo podré vivir plenamente.

Reflexión

En pocas líneas, Jesús presenta tres cuestiones muy importantes. La primera podría llamarse “la defensa de la verdad”, porque es una invitación a todos los cristianos a defender los principios de la moral. Con frecuencia se muestran comportamientos equivocados (por ejemplo, en materia económica, sexual, etc.) y se presentan como si fueran conductas “normales” o “aceptables”. Sin embargo, Jesús nos pide que demos a conocer la verdad, con claridad y respeto, porque nos importan los demás y queremos que también se salven. El Catecismo es una valiosa ayuda para eso, porque nos da los criterios muy precisos.

Cuando se corrija, hemos de procurar usar de una gran bondad, mansedumbre y miramiento, y de un hondo sentido de la justicia y la equidad.

Si somos corregidos alguna vez —pues también nosotros estamos sometidos a autoridad—, no nos rebelemos ni tomemos a mal la corrección, sino con buen ánimo, con humildad y sencillez, según las palabras del autor sagrado: «Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor y no te abatas cuando seas por Él reprendido; porque el Señor reprende a los que ama, y castiga a todo el que por hijo acoge» (Hb 12, 5-6; Prov 3, 11-12).

La segunda idea se refiere al gran poder que dio el Señor a los apóstoles. Ellos y sus sucesores (el Papa y los obispos, auxiliados por los sacerdotes) tienen la misión de procurar que los hombres se desaten del pecado. La manera de hacerlo es a través de la predicación y, sobre todo, por el sacramento de la Penitencia, donde pueden realmente perdonar los pecados en nombre de Dios.

El último tema nos dice que Jesús promete estar con aquellos que le invocan a través de la oración, y que las peticiones serán más eficaces si entre varias personas suplican a Dios en nombre de su Hijo Jesucristo.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.