Amanecer, radiante y lleno de claridad el que encontramos al despertar en esta mañana. Te damos gracias por tu generosidad y misericordia, por tu bondad y tu amor, porque todo lo que podremos realizar contará con tu bendición. Ahora nos ponemos en tus manos y te pedimos que todo lo que iniciaremos cuente con tu auxilio y la protección de Nuestra Madre celestial.
En este nuevo día, aceptaremos tu invitación para seguirte como discípulos tuyos y ofrecer todo lo que haremos en honor de tu Santo Nombre. Danos la fuerza de tu Espíritu para no buscarnos a nosotros mismos y para aceptar nuestra misión en la vida con todas sus consecuencias, porque estamos seguros, que Tú nos llevarás por caminos de bien. No permitas, Señor, que lo sembrado en nuestros corazones sea contaminado por la cizaña del egoísmo, la mentira, el pesimismo y el individualismo y por el contrario la buena semilla la reguemos y abonemos con buenas obras de generosidad, de comprensión, de ternura y de servicio. Que Nuestra Madre sea nuestro auxilio y protección ahora y siempre. Amén
Muy feliz martes pleno de alegría y buenas acciones.
Palabra del Papa
Jesús no se limitó a presentar la parábola, también la explicó a sus discípulos. La semilla que cayó en el camino indica a quienes escuchan el anuncio del reino de Dios, pero no lo acogen; así llega el Maligno y se lo lleva. El Maligno, en efecto, no quiere que la semilla del Evangelio germine en el corazón de los hombres. Esta es la primera comparación.
La cizaña será quemada en el día de la siega. Este día final se le suele pintar con tintes tremendistas y catastróficos, infundiendo miedos y terrores. Para quien se ha esforzado en seguir la voluntad de Dios, aun a pesar de nuestras muchas deficiencias, debilidades y errores, no puede menos que esperar la misericordia y consideración por parte de Dios. No nos preparamos para un día de temor, sino para un día de esperanza y retribución. Si pensamos más frecuente en este día de la cosecha, sabremos vivir rectamente, incluso en las derrotas si van acompañadas de una sincera lucha y un sincero arrepentimiento. Así brillaremos también en este mundo con el fulgor de los hijos de Dios. (Papa Francisco).
