Señor, qué bello es despertar y sentir que la vida comienza a sonreír en nuestro optimismo, nuestra alegría y nuestra esperanza, porque nos regalas un día más de vida y porque podemos iniciar nuestras labores gracias a que nos das el don de la salud, del bienestar y que caminas a nuestro lado. Solamente te pedimos que nos regales palabras de fe, esperanza y fuerza espiritual para culminar nuestro caminar de esta semana.
Hoy celebramos a san Bartolomé Apóstol. Ojalá se pudiera decir de cada uno de nosotros lo que dijiste de él: «Ahí tienen a una persona honesta, a un cristiano cabal, en quien no hay engaño». Haznos, Señor, verdaderos discípulos tuyos; que vivamos día a día tal como creemos y que con nuestro modo de vida cooperemos en atraer a nuestros hermanos hacia ti. Acepta nuestra disponibilidad para llevar a cabo la misión que nos confías y estar siempre abiertos a los impulsos de tu amor. Danos la gracia de ser verdaderos discípulos de tu amor, que anunciemos la esperanza y seamos portadores de Buenas Nuevas. Que al igual que Felipe podamos expresar: «LO HEMOS ENCONTRADO. VEN Y LO VERÁS». Bendícenos y protégenos, guíanos y acompáñanos. Amén.
Un muy feliz y esperanzador inicio de semana.
PALABRA DEL PAPA
Natanael, en la escena de vocación narrada por el evangelio de san Juan, está situado al lado de Felipe, es decir, en el lugar que tiene Bartolomé en las listas de los Apóstoles referidas por los otros evangelios. A este Natanael Felipe le comunicó que había encontrado a «ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret» (Jn 1, 45). Como sabemos, Natanael le manifestó un prejuicio más bien fuerte: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Jn 1, 46). Esta especie de contestación es, en cierto modo, importante para nosotros. En efecto, nos permite ver que, según las expectativas judías, el Mesías no podía provenir de una aldea tan oscura como era precisamente Nazaret (véase también Jn 7, 42). Pero, al mismo tiempo, pone de relieve la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperaríamos. (…) La historia de Natanael nos sugiere otra reflexión: en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Felipe, en su réplica, dirige a Natanael una invitación significativa: «Ven y lo verás» (Jn 1, 46). Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva: el testimonio de los demás ciertamente es importante, puesto que por lo general toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega a través de uno o más testigos. Pero después nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. (Benedicto XVI - Audiencia general, 4 de octubre de 2006)
