Otro día en nuestra vida, otro amanecer, otra jornada para vivirla y agradecerla. Gracias, Señor, porque hemos despertado y comenzaremos a vivir el tiempo de la esperanza y de la confianza en ti.
Hoy en tu palabra reflexionamos el llamado que generosamente desde las primeras horas nos haces para ir a trabajar en la viña: Así como el propietario de la viña sale una y otra vez a buscar trabajadores, Dios siempre incluye, porque no quiere dejar a nadie fuera de este ofrecimiento. Él no deja a nadie en la plaza, no abandona, no mira para otro lado, nunca descarta, no se desentiende, no invisibiliza, no pasa de largo, sino que busca integrar a todos. En la viña, hay espacio para todos, ninguno sobra. Ninguno está de más, hay espacio para todos. Así como somos.
Seguirte a Ti significa comprender que la entrada en tu Reino no se gana por nuestro trabajo o acción, sino por tu generosidad. Nuestras acciones y esfuerzos no serán para obtener el privilegio, sino una respuesta sincera a la iniciativa gratuita que tienes con nosotros. Nadie se puede quedar afuera de este trabajo en tu viña; todos tenemos algo para aportar, un don, una virtud; todos recibimos tu llamada. Ayúdanos, Señor, a no desanimarnos al caer de la tarde y sentir que no nos has llamado. Tu llamado llegará en la primera hora o en la última; siempre nos invitarás a trabajar en tu viña, sea grande o pequeño el trabajo, pero lo más importante es que sea en tu viña, teniendo en cuenta tus palabras: «los últimos serán primeros, y los primeros serán últimos». Que nuestra respuesta siempre sea generosa y como el papa Benedicto XVI podamos decir: «Soy un simple y humilde trabajador en la viña del Señor». Amén.
Muy feliz y esperanzador miércoles.
PALABRA DEL PAPA
Se trata de una parábola que da esperanza, porque nos dice que este amo sale varias veces a buscar a quienes esperan dar sentido a sus vidas. (…) Los jornaleros que se habían quedado en la plaza del mercado probablemente habían perdido toda esperanza. Ese día había sido en vano. Pero alguien siguió creyendo en ellos. (…) Y aquí es donde se ve la originalidad de este amo, al final del día, a la hora de pagar. (…) Para el dueño de la viña, es decir, para Dios, es justo que cada uno tenga lo necesario para vivir. Él ha llamado personalmente a los trabajadores, conoce su dignidad y, en función de ella, quiere pagarles. Y da a todos un denario. El relato dice que los trabajadores de la primera hora se sienten decepcionados: no logran ver la belleza del gesto del amo, que no ha sido injusto, sino simplemente generoso; que no ha mirado solo el mérito, sino también la necesidad. Dios quiere dar a todos su Reino, es decir, la vida plena, eterna y feliz. Y así hace Jesús con nosotros: no establece un ranking, sino se dona enteramente a quien le abre su corazón. (León XIV - Audiencia general, 4 de junio de 2025).
