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18-ago.- martes de la 20.ª semana del T. O.

no a todos se les pide que se despojen de sus bienes como el mercader Francisco de Asís; a algunos que poseen riquezas se les pide que las compartan

Nuestro segundo día de semana y primero laboral nos permite abrir el corazón y agradecerte el don de la vida, llenarnos de buenas esperanzas y deseos de seguir adelante con la mejor actitud posible. Nuestros sentimientos nos dan la posibilidad de pensar cómo seguiremos haciendo el bien y tener generosidad espiritual y material siendo esperanzadores y teniendo actitudes de fe y confianza en tu amor y tu bondad. 

Tu Palabra aleccionadora nos invita a pensar en el valor material y espiritual. La riqueza es un bien que recibimos de nuestro Padre celestial. El problema viene cuando el hombre se vuelve a considerar “dios” y se arroga el derecho a acumular en su beneficio, lo propio y lo ajeno. La riqueza no es mala; el mal uso de la riqueza si lo es, pero el mal uso lo hace el hombre no la riqueza en sí. Aprendamos a valorar los bienes que nos regalas ya que son por tu bondad y generosidad, bienes de gratuidad. Pensemos en estos días de generosidad, que no es más rico, el que más tiene, sino el que atesora siendo generoso en lo mucho o lo poco a partir del corazón. 

Gracias, Señor, porque sabremos ser generosos teniendo en cuenta que «Dios bendice y multiplica lo que damos de corazón». Un muy feliz y generoso inicio de semana laboral. 

PALABRA DEL PAPA

Las duras palabras que Jesús usa respecto a los ricos y las riquezas, las del camello y el ojo de la aguja (ver Mt 19:23-24), a veces se han extendido demasiado rápido a todo empresario y todo comerciante, asimilándolos a aquellos vendedores a quienes Jesús expulsó del templo (ver Mt 21:12-13). En realidad, uno puede ser comerciante, empresario y ser seguidor de Cristo, habitante de su Reino. (…) Jesús nos dice que es muy difícil para una persona rica entrar en el Reino de Dios. Difícil, sí, pero no imposible (ver Mt 19:26). Y de hecho conocemos a personas ricas que fueron parte de la primera comunidad de Jesús, por ejemplo, Zaqueo de Jericó, José de Arimatea o algunas mujeres que apoyaron a los apóstoles con sus posesiones. En las primeras comunidades había mujeres y hombres que no eran pobres. En la Iglesia siempre ha habido personas adineradas que han seguido el Evangelio de forma ejemplar, entre ellas, empresarios, banqueros y economistas, como los beatos Giuseppe Toniolo y Giuseppe Tovini. Para entrar en el Reino de los Cielos, no a todos se les pide que se despojen de sus bienes como el mercader Francisco de Asís; a algunos que poseen riquezas se les pide que las compartan. Compartir es sinónimo de pobreza evangélica (papa Francisco. Discurso a los participantes en la Asamblea Pública de Confindustria, 12 de septiembre de 2022).

Compartir es sinónimo de pobreza evangélica
ORACIÓN 

Señor, teniendo ahí presente el evangelio de este día, casi me dan miedo tus palabras. ¡Qué difícil es entrar en el Reino de los cielos! Seguramente que estabas condicionado por la postura del joven rico. Por eso yo te pido en este día que Tú siempre seas para mí mi riqueza, mi tesoro, mi perla fina, la persona de la que siempre me puedo fiar. Estando contigo, pierdo todos los miedos. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-18-de-agosto-de-2020-2 

Es muy corriente en el lenguaje de Jesús usar palabras y frases exageradas usando el lenguaje conocido de la hipérbole.  Por supuesto que no hay que entenderlas al pie de la letra, pero sí como una fuerte “llamada de atención”. El mensaje de Jesús es claro: es imposible que alguien sea salvo por sus propios méritos. Como la riqueza era vista como prueba de la aprobación de Dios, los rabinos enseñaban comúnmente que las personas ricas eran bendecidas por Dios y, por tanto, las más probables candidatas para el cielo. Jesús destruyó esa noción, y con ella, la idea de que cualquiera puede ganar la vida eterna.

Jesús nos viene a decir que es muy difícil compaginar la riqueza y el evangelio. Pero nos deja siempre una puerta abierta: «Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible». Jesús nos dice —una vez más— que el Evangelio no es ascética, esfuerzo, voluntarismo. Es “mística”. Es regalo, don, gracia. Después, y sólo después, vendrá la tarea, lo que debemos hacer. En las Bienaventuranzas, los pobres no son dichosos por el hecho de ser pobres, sino porque han descubierto a Dios como suprema riqueza de sus vidas. Nadie se quejaría de que han puesto muy caros los décimos de Lotería si supiera que ese año le iba a caer el gordo. Y para nosotros, la mejor lotería es haber conocido a Jesucristo. Si este Jesús se ha rebajado tanto que se ha quitado la capa del poder, se ha ceñido una toalla propia de esclavos y se ha puesto de rodillas para lavar los pies a los discípulos, es muy lógico que yo no quiera estar, como Él, en los primeros puestos, y prefiera los últimos.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.