Bendecida mañana de descanso en este lunes y bendecido día para agradecerte lo que de Ti recibimos: el don de la vida, la salud y la familia. Son las mayores riquezas que nos has dado. Hoy te damos gracias y te pedimos nos ayudes a ser generosos y saber compartir lo mucho o lo poco que poseemos. Hoy surgen inquietudes que te pedimos nos ayudes a saber discernir: este joven del relato evangélico, había ido expresamente a encontrarse contigo, «se fue triste» y asocia esa tristeza a una razón: «porque era muy rico». Pero es probable que esa no fuera la única causa de su entristecerse sino el hecho de que Tú le invites tan claramente a compartir: «anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres».
Lo has mirado con cariño, pero sabes que no ha descubierto lo esencial. Y le lanzas tu propuesta: te falta una cosa. Una cosa que implica un cambio radical un cambio en generosidad, porque supone transformar la mentalidad: «deja lo tuyo» y a acoge mi invitación: ¡VENTE CONMIGO! Hoy nos haces la invitación a cada uno de nosotros a dejarlo todo por seguirte, pero debemos comprender tus palabras: dejarlo todo debe implicar una renuncia a lo negativo, a no apegarnos únicamente a lo material o a lo que el mundo nos propone, sino a confiar en ti: ”Dios Proveerá“. Que a ejemplo de San Bernardo, a quien celebramos y que fue tu profeta de unidad y de reconciliación, como él, nosotros también hallemos la fuerza para hablar y actuar, en la oración y contemplación, para que podamos ver las realidades más profundas de la vida, con ojos de fe y amor, con generosidad de corazón y con plena confianza en Ti.
Un muy feliz y generoso lunes, vendiendo y repartiendo nuestra generosidad, nuestra bondad y solidaridad con todas las personas que encontremos a nuestro alrededor. Amén.
PALABRA DEL PAPA
El Evangelio de hoy comienza con una hermosa pregunta dirigida a Jesús: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» (…) Estas palabras expresan un deseo constante en nuestra vida, el deseo de salvación, es decir, de una existencia libre del fracaso, del mal y de la muerte. Lo que el corazón del hombre espera se describe como un bien que se “hereda”. No se trata de conquistarlo por la fuerza, ni de implorarlo como siervos, ni de obtenerlo por contrato. La vida eterna, que sólo Dios puede dar, se transmite al hombre en herencia como de padre a hijo. Por eso, a nuestra pregunta, Jesús responde que para recibir el don de Dios hay que acoger su voluntad. Como está escrito en la Ley, «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón […] y a tu prójimo como a ti mismo» (…) Al hacerlo, correspondemos al amor del Padre: la voluntad de Dios es, de hecho, esa ley de vida que Dios practica primero con nosotros, amándonos con todo su ser en su Hijo Jesús. (…) para vivir eternamente no es necesario engañar a la muerte, sino servir a la vida, es decir, cuidar de la existencia de los demás en el tiempo que compartimos. Esta es la ley suprema, que está por encima de cualquier norma social y le da sentido. (Papa León XIV, Angelus, 13 de julio de 2025)
