Causas de canonización

08 de Septiembre 2014
 oficina Arquidiocesana de Comunicaciones OAC-Bogotá
Causas de canonización
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las causas de canonización está recogido actualmente en la Constitución Apostólica Divinus perfectionis Magister, de 25 de enero de 1983 (AAS 75 (1983) 349-355) y en las Normae servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis in causis sanctorum promulgadas por la Congregación para las Causas de los Santos el 7 de febrero de 1983 (AAS 75 (1983) 396-403). 

Estas normas modifican y actualizan lo relativo a las causas de canonización, normas que recogen a veces experiencias muy antiguas.

Venerable Rafael Manuel Almansa Riaño

Este santo sacerdote, de familia de clase media, perteneció al clero secular de la Arquidiócesis de Bogotá desde 1897 hasta su muerte ocurrida el 28 de junio de 1927 en esta capital y en la parroquia de San Diego, a la que sirvió durante 30 años.

Su niñez se desarrolló alrededor del Convento de San Francisco y en un ambiente impregnado por el franciscanismo. Su padre, Ambrosio, además de carpintero, era sacristán de la iglesia de San Pablo, hoy La Veracruz, situada detrás del convento, a cargo de los mismos padres franciscanos, y vivía al costado del mismo templo con su esposa, María del Rosario. En ese mismo sitio nació el Siervo de Dios.

Sus progenitores pertenecían a una familia sencilla, profundamente católica.

Por ello, nacido el niño el 2 de agosto, fiesta de la Virgen de los Ángeles patrona de la Orden franciscana, al día siguiente, 3, lo llevaron a bautizar a su parroquia que, a la sazón, era la de Ntra. Sra. De Las Nieves. Sus padrinos fueron Francisco Gaitán y Francisca Navarro.

Todo el contexto anterior explica por qué el Siervo de Dios golpease a las puertas del Convento de San Francisco para hacerse sacerdote. Allí transcurrieron sus estudios de seminarista, hasta llegar a su segundo año de teología en 1862.

Es de notar que en 1934 el Papa Gregorio XVI había nombrado Arzobispo de Bogotá al joven y destacado sacerdote caucano de 34 años Manuel José Mosquera y Arboleda. Durante la vida episcopal de Monseñor Mosquera nació, pues, en 1840, el Padre Almansa. Corrían en la política de entonces verdaderos vientos huracanados. Muchos traban de aclimatar en la República, a como diera lugar, los enconados propósitos de la Revolución Francesa. Ello condujo en el año de 1852 al destierro del gran Arzobispo Mosquera por parte del Congreso y, posteriormente, la tristísima y cruel persecución de 1862 contra la Iglesia Colombiana por parte, irónicamente, del hermano del Arzobispo Mosquera, presidente y dictador general Tomás Cipriano de Mosquera.

Éste, quien exhibía públicamente sus insignias de masón grado 33,era, además, un codicioso de los bienes de la Iglesia, particularmente de los de las comunidades religiosas. En virtud de lo que él dio en llamar la “desamortización de bienes de manos muertas”, suprimió a sangre y fuego las comunidades religiosas en todo el país y se apoderó de sus bienes.

Ante la dolorosa situación anterior, el seminarista Almansa, quien se empeñaba en responder a su llamado sacerdotal, hubo de huir a tierras lejanas, dejando atrás a su madre, sus hermanas, su comunidad religiosa, su ciudad natal. Con cartas dimisorias del sucesor de Monseñor Mosquera, el Arzobispo Antonio Herrán y Zaldúa, el Siervo de Dios se dirigió a la entonces lejanísima Pamplona, donde fue recibido y ordenado sacerdote el 23 de mayo de 1866 por el nada fácil obispo Bonifacio Antonio Tozcano. La recepción del sacerdocio fue para el Siervo de Dios el triunfo más grande de su vida. Había luchado y sufrido por ello denodadamente. De ahí para adelante todo su intento será alcanzar la santidad por el amor a Dios y a su prójimo. 

Pasada la persecución, después de haber servido como presbítero desde 1866 hasta 1878 en la ciudad de Bucaramanga, perteneciente a la diócesis de Pamplona,y con la práctica de una vida santa, atestiguada en forma escrita por infinidad de feligreses, volvió el Padre Almansa a su ciudad y a su convento de Bogotá.

Pasados varios años, a fin de poder remediar la pobreza extrema de su madre y sus hermanas, el Siervo de Dios pidió a sus superiores, con el respeto que lo caracterizaba, la salida de su comunidad franciscana, para ser recibido, en forma la más caritativa, como sacerdote del clero de la Arquidiócesis por el Arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, quien, desde hacía tiempo apreciaba su excepcional santidad en la práctica de todas las virtudes heroicas.

Era el año de 1897. No se retiró, sin embargo, sino después de que el superior de la Orden le concediera el privilegio de seguir usando el hábito franciscano, que llevará hasta su muerte El Señor Arzobispo lo envió, entonces, como clérigo del presbiterio de Bogotá, a ejercer su ministerio sacerdotal en la iglesia recoleta de San Diego, que el mismo Arzobispo había recibido de manos de la Comunidad Franciscana.

Allí estará el Siervo de Dios por el término de 30 años, señalado por todo el clero y por todos los estamentos de la sociedad como un verdadero santo, digno de la canonización. Testimonio de bulto de esta manifestación unánime lo constituyeron sus bodas de oro sacerdotales celebradas por toda la ciudad al más humilde de los sacerdotes en 1916 y la apoteosis de su paso al Cielo en 1927, cuya Eucaristía, por voluntad del Arzobispo Herrera Restrepo –ya enfermo y en cama fue presidida por el hoy Siervo de Dios Ismael Perdomo Borrero, Arzobispo Coadjutor.

Abierto el proceso para su beatificación por parte del Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz (en sus dos elementos medulares de la heroicidad de las virtudes y la comprobación de un milagro atribuido al Siervo de Dios), y terminada su fase canónica diocesana, el mismo fue llevado a Roma en 1996 por el Postulador de la Causa en Bogotá, Monseñor Alvaro Fandiño Franky. Hoy el proceso, estimulado por el Señor Cardenal Rubén Salazar Gómez, prosigue su curso en la Congregación para la Causa de los Santos.

Oración para pedir la beatificación del Venerable, P. Rafael Manuel Almansa Riaño

 Siervo de Dios - Ismael Perdomo

El Plan de Evangelización de la Arquidiócesis de Bogotá se enriquece notablemente con la mirada retrospectiva sobre las figuras señeras de nuestra historia particular. Entre ellas destaca Monseñor Ismael Perdomo, Arzobispo de Bogotá entre 1928 y 1950.Apóstol de la Paz, conocedor de toda la Arquidiócesis, promotor de múltiples iniciativas sociales y caritativas, prudente pastor en medio de graves acontecimientos políticos y obediente a la Santa Sede hasta el heroísmo, nos dejó además el espléndido testimonio de su preocupación por la formación y santidad de los sacerdotes: la construcción del Seminario Mayor, baluarte arquitectónico de la ciudad.

El Siervo de Dios, Monseñor Pedro Ismael Perdomo Borrero, nació en Gigante (Huila), el 22 de febrero de 1872. Hijo de don Gabriel Perdomo Cuenca y doña María Francisca Borrero Silva.

Terminó sus estudios de bachillerato en Neiva e ingresó al Seminario de Bogotá en 1889. Desde 1895 estudió Teología en el Colegio Pío Latino Americano de Roma, hasta obtener el grado de Doctor en Teología Sagrada en 1897. Fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1896 por el Emmo. Cardenal Lucido M. Parrochi.

Regresó a Neiva en 1899 y fue designado como Vicerrector del Seminario de Garzón (Huila); posteriormente fue nombrado Canciller de la Diócesis del Tolima. Fue preconizado por S.S. León XIII primer Obispo de Ibagué, primera diócesis desmembrada del Tolima y consagrado el 19 de junio de 1903 en Roma por el Emmo. Cardenal Francisco María Gotti. De 1908 a 1919

fue Secretario de las Conferencias Episcopales reunidas en Bogotá y en 1923. Su Santidad Benedicto XV le promovió el 5 de febrero de 1923 a la Sede Titular de Trajanópolis y Coadjutor del Arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, con derecho a sucesión del Arzobispado de Bogotá, lo que efectivamente ocurrió el 2 de enero de 1928. El 9 de mayo de 1923, por bula de la Dataría Apostólica, fue nombrado Deán del Capítulo Primado. En 1949 fue nombrado también Vicario Castrense de las Fuerzas Armadas de Colombia.

Dedicado al gobierno de la Arquidiócesis, emprendió la construcción del edificio del Seminario Mayor, dejó instalado el Seminario Menor y fundó la Escuela Apostólica San Benito (Sibaté). A causa de los disturbios del 9 de abril de 1948, el Palacio Arzobispal quedó destruido y hubo necesidad de trasladar su residencia al Seminario Mayor de Bogotá.

En el mes de marzo de 1950, su salud, ya muy quebrantada por espacio de dos años, sufrió una crisis definitiva. Murió el 3 de junio de 1950 y sus restos reposan en la Capilla de la Inmaculada de la Catedral Primada.

La persuasión de que Monseñor Perdomo ejercitó las virtudes cristianas en forma extraordinaria, especialmente las propias de su cargo pastoral, movió a sus sucesores a promover el proceso necesario para la beatificación y canonización del santo arzobispo, hoy ya con el título de “Siervo de Dios”.

Oración para pedir la Canonización del Siervo de Dios, Monseñor Ismael Perdomo

 

 

 

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