Semana Nacional del Migrante

15 de Septiembre 2017
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones, OAC - Bogotá
Semana Nacional del Migrante
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Durante la semana del 10 al 17 de septiembre de 2017, hacemos un llamado a reflexionar que son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la migración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos...

Todos los años la Iglesia Católica nos invita en cada país a tomarnos un momento de reflexión sobre las personas que viven la migración forzada. Esa reflexión, se suma a los gozos y esperanzas, pero también a los sufrimientos y las fatigas de nuestros hermanos migrantes, desplazados, refugiados y víctimas de trata que nos interpelan a ser Iglesia Samaritana movida por la misericordia de Dios Padre manifestada en Jesucristo, para salir a su encuentro.

En palabras del Santo Padre Francisco1, estamos invitados para responder a este llamado mediante la acogida y bienvenida, la protección y curación de sus heridas, el reconocimiento de su dignidad y la promoción, e integración e inserción en las comunidades a las que llegan.

Con el trascurrir de los días nos vamos acercando a la celebración de la semana nacional del Migrante. Y como es ya estamos acostumbrados, el Santo Padre su Santidad Francisco se hace presente con el mensaje correspondiente. El tema que nos ofrece para la jornada mundial del Migrante y del Refugiado para este año es: “EMIGRANTES MENORES DE EDAD, VULNERABLES Y SIN VOZ”.i

Los textos bíblicos en los cuales basa su mensaje nos llevan a contemplar la importancia del tema y su actualidad. “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado “ (Mc 9, 37; Mt 18, 5; Lc 9, 48; Jn 13, 20). “al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar” (Mt 18,6; Cf Mc 9, 42; Lc 17, 2).

Dadas las circunstancias del mundo actual, y de algunos países en particular, el fenómeno de la Migración es el pan de cada día. Muchas personas que sale de sus países de origen lo hacen por salvar sus vidas o buscando mejores condiciones y calidad de vida, y en este caminar se encuentran seres humanos de todas las edades: niños desde temprana edad hasta personas bien avanzadas en años. En el deseo de llegar a sus metas, el país de sus sueños son muchos los riesgos y peligros que tienen que atravesar y no siempre logran salir de ellos.

Durante la semana del 10 al 17 de septiembre de 2017, hacemos un llamado a reflexionar que son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la migración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos.

Y como hemos visto y sentido en el territorio colombiano, hablar de migración hoy día nos remite muy de cerca a uno de los países vecinos y hermanos: Venezuela.

La llegada masiva de tantas personas, entre ellas niñas y niños nos cuestionan y hacen que nos preguntemos qué tenemos o qué podemos hacer ante este desafío?. Me parece la respuesta no es sencilla.
Como lo dice el Santo Padre en su mensaje: La línea divisoria entre la migración y la trata de seres humanos puede ser en ocasiones muy sutil. Hay muchos factores que contribuyen a crear un estado de vulnerabilidad en los migrantes, especialmente si son niños: la indigencia y la falta de medios de supervivencia ―a lo que habría que añadir las expectativas irreales inducidas por los medios de comunicación―; el bajo nivel de alfabetización; el desconocimiento de las leyes, la cultura y, a menudo, de la lengua de los países de acogida. Esto los hace dependientes física y psicológicamente. Pero el impulso más fuerte hacia la explotación y el abuso de los niños vienen a causa de la demanda. Si no se encuentra el modo de intervenir con mayor rigor y eficacia ante los explotadores, no se podrán detener las numerosas formas de esclavitud de las que son víctimas los menores de edad.

En este contexto resuena en nuestra conciencia las palabras del Evangelio, referidas al juicio final: “y dirá el Rey a los que estén a su derecha: Vengan ustedes que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer, tuve sed, y me dieron de beber, anduve como forastero, y me dieron alojamiento. Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron....” (Mt. 25, 34-36).

Como cristianos estamos llamados a asumir un gran reto y es la fe la que nos impulsa a pedir a Dios la Sabiduría que de El procede para responder adecuadamente sobre todo ayudando a los pueblos y ciudades a reconocer en la migración un signo de los tiempos, una oportunidad para el encuentro con el hermano, una ocasión para fortalecer la construcción de la paz y el enriquecimiento cultural.

A todos aquellos quienes caminan al lado de los hermanos migrantes, especialmente de los niños y jóvenes, les animo y les ruego no olviden que ellos necesitan su valiosa ayuda, No se cansen de dar con audacia un buen testimonio del Evangelio y trabajar sabiendo que con los niños que sufren la migración, peregrina Jesús. Demos el primer paso para proteger sus derechos

Encomiendo a todos los niños migrantes, a sus familias, sus comunidades y a ustedes a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, para que vele sobre cada uno y los acompañe en el camino, cuenten con mi oración y bendición.

A continuación programación completa:

 

 

 

Fuente: Misael Vacca Ramírez
Obispo de la Diócesis de Duitama – Sogamoso
 Delegado de la Conferencia Episcopal para el tema de Migrantes

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